Tramo de la pista de Jumeirah, Dubai (no soy yo)No es que esté muy rápido últimamente, pero me sorprendí corriendo en paralelo junto al tipo más tonto del mundo, calzando los patines más caros del mundo. A medida que él aceleraba, yo hacía lo propio. Mi ritmo, así como mis pulsaciones, aumentaron de mis habituales 6’/km y 120 ppm, a por debajo de 4’ y por encima de 160, respectivamente. Creo que hice un 3 mil esprintando,… y aguantando el ritmo del moro tontolhaba (no batí el record de la pista, que creo lo tiene una mujer con burqa en un día de mucho viento). Como es lógico no era muy diestro sobre ruedas. Al llegar a una zona rocosa donde la pista se corta durante unos metros volví a sentir la satisfacción del finisher: España 1; Emiratos Arabes Unidos 0.¡Lección 1: lo más duro de patinar... es el asfalto! ¡Menudo hostión se dio!
Recuerdo aún más anécdotas de este tipo, aunque no todas las he vivido en primera persona. ¡Ah! Esta también va de tontolhabas pichaflojas: de nuevo sucedió junto a la playa, esta vez en Malibú. Había alquilado una bici y estaba haciendo unas millas. Cuando adelanto a un tipo, lo miro de arriba abajo y veo que no lleva culotte, ¡ni nada! de cintura para abajo. Me río, y le digo: “¡macho, que se te va a quemar con el sol!” Y el muy tonto me contesta: “ es que el otro día salí sin camiseta y se me puso el cuello como un tronco, así que hoy mi mujer me ha obligado a salir así”…
Otro día paré a comprar Coca-Cola en una gasolinera repleta de ciclistas. Mientras me tomaba un respiro me inmiscuí en la conversación que mantenían dos colegas a mi lado. El que estaba a mi izquierda pregunta a su amigo, que se ve que era profesor de universidad:
de tu talla–“Caray, no se puede tener todo: el otro día iba paseando por la Casa
de Campo y me encontré con una alumna;
debía estar muy sofocada, porque empezó a quitarse la ropa, y cuando estaba
completamente desnuda me dijo: “todo esto que ves es tuyo… si me apruebas”,
así que cogí la bici y volví a casa dando pedales”.
–“Gran decisión, si te hubieras quedado con la ropa te habría quedado
pequeñísima”-
Un amigo, policía de aduanas destinado en Algeciras, me contó esta anécdota, también ciclista: estando una vez de servicio vio cruzar la frontera hispano-marroquí a un ciclista tremendamente sospechoso, pues cargaba una gran mochila a su espalda, más dos alforjas sobre la bici. Tras un minucioso registro descubrieron que no cargaba más que arena. Por supuesto, le obligaron a vaciar las mochilas y analizaron la composición de la arena, pero no encontraron mezcla alguna. Al día siguiente volvió a cruzar. Mi amigo pensó que el día anterior les había puesto a prueba, pero esta vez caería en sus manos. Volvió a registrarle, analizaron la arena,… y nada de nada. Así durante un mes. Unos días más tarde descubrieron en una tienda de bicicletas de Cadiz 16 Cervelos, 10 Cannondale y 4 Scott que habían adquirido ilegalmente…
Y es que lo importante es ser positivo en la vida. Otra vez, un colega, conductor de autobús, salió a rodar unos kilómetros conmigo. Al entrar en Murcia se nos cruzó un niño y casi lo parte por la mitad, y el muy cabrón va y le dice: “¡Acho, alégrate, pijo, que casi siempre que paso por aquí es con el autobús!”…
La última también va de ciclistas, polis y árabes: Hace unos meses se comentaba que el hijo del jeque Mohammed de Dubai había venido a la región de Murcia para ver si se la quedaba. Un día cualquiera, el insigne triatleta Pedro Mª Campoy había salido a cumplir con un entrenamiento de fuerza en bici, con tan mala fortuna que partió las bielas. No tuvo más remedio que hacer auto-stop para regresar a Aguilas. Tras 45 minutos de espera paró un Ferrari. Se trataba de un árabe, posiblemente el príncipe de Dubai, quien muy amablemente intento introducir la bicicleta en el coche de todas las formas posibles. Ante dicha imposibilidad, sacó del pequeño portabultos una cuerda remolcadora, ató un cabo al chasis del Ferrari, y el otro al manillar de la bicicleta de Pedro. El árabe condujo con suma tranquilidad. De pronto, un Porsche a gran velocidad hizo que el príncipe se olvidara de su invitado, a pesar de los gestos que éste le hacía a través del espejo retrovisor. Unos minutos más tarde un policía de Aguilas los ve pasar y llama por radio: -“Central, ¡un Ferrari y un Porsche acaban de pasar por la Carretera de la Playa a más de 250 km/h!”, -“¿En qué dirección iban?”, -“No, no, si lo malo no es eso…, lo peor es que el Perico Campoy va detrás en la bici pidiéndoles paso!”…
(Perdona, Perico: ¡a ver si ahora no te van a comprar las ruedas por mi culpa!).
Flanqueado por el gran Stani y la gran esperanza murciana (masculina, claro, que la femenina es Mabel, su mujer), Pedro Mª Campoy
