Así que si os preguntáis por qué álguien genéticamente desgraciado se ha convertido en el diamante en bruto del swimbikeruneo español, tal vez sea ese el secreto de mi éxito:
No, no,... el hecho de que sean las cuatro de la mañana, y aproveche para saludaros mientras abren el gimnasio del hotel, no demuestra el agravamiento de mi situación. No es más que la suma de las dos naturalezas que me caracterizan, e intento llevar con la mayor dignidad posible. A día de hoy, la de JetLag-Man se ha empeñado en hacerme sufrir más que la otra.
Estoy en Edmonton. Sí, sí,... posiblemente la ciudad más próspera del mundo, pues no sólo se encuentra en Canadá -un grandísimo país, en todos los sentidos-, sino que está asentada sobre las segundas reservas petrolíferas más importantes del planeta (y ya era hora de que no sólo los impresentables que todos conocemos se forren por la suerte que han tenido al usar el Black & Decker,... los muy moros, el Chavez...). Aquí, de vez en cuando, el gobierno tiene el detalle de devolver a cada contribuyente todos los impuestos pagados,... como en España.
Mis clientes -y amigos- Monica y Chris me llevarán a mediodía a nadar. Como podéis suponer, Chris es jugador de hockey (todos lo son en Canadá), y Monica es runner (creo que ya os he contado alguna vez que cancela sus salidas a correr, con Dylan, su perro, cuando la temperatura baja de -25º C -o sea, un par de veces por semana-). Así que aprovecharé para entrenar mientras ellos hacen lo propio. El año pasado las pasé canutas conduciendo desde Calgary, en mayo,... ¡porque me cayó una nevada de cojones!
Tal vez os preguntéis cuál es el verdadero motivo de mi viaje. En realidad, encabezo una delegación para promocionar a Kayto de cara al IronMan que correrá aquí en agosto. La misión culminará en Ottawa, capital del país, donde intentaré convencer a Stephen Harper, primer ministro, para que sea él quien imponga la medalla de finisher a nuestro amigo. O sea, de igual a igual, que el protocolo existe por algo. Lo malo de la prueba es que tiene lugar en British Columbia (capital Vancouver), posiblemente la región más bonita de la tierra, por sus montañas, sus desniveles impresionantes,
sus repechos rompepiernas, sus bajadas vertiginosas... -¡jeje, Kayto, el resto del país es plano y has tenido que irte a BC!-,
así que lo único que me queda por hacer es emplear unos botes de spray en escribir su nombre a lo largo de los puertitos que con tanta expectación le esperan. Claro que en agosto ya se habrá borrado todo. ¡Envidia me das, cacho finisher!Una vez conduje desde Seattle (Anatomía de Grey, USA), hasta Calgary (Alberta), atravesando British Columbia, y creo que no hay nada más recomendable, especialmente para aquellos, como yo, que pensamos que no existe paisaje perfecto sin montañas.
Por si fuera poco, el próximo invierno Vancouver será sede de los JJ.OO de invierno, así que tiene que estar impresionante.

"¡El tío de atrás no ve ná!"

Foto de 1984 -sí, sí, ya se había inventado la fotografía-, enviada ayer por mi amigo Roberto. No se permiten comentarios al respecto.




