Pues sí, llevo unas horas nostálgico.
No soy yo muy dado a mirar hacia atrás. De hecho, me cuesta poco pasar páginas y olvidar casi todo lo leído. Pero “casi” no es “todo”...
Ayer tocaban 80 km de ciclismo, más una transición de 45' de carrera. También paella en La Manga, en casa de mis suegros. Como alguien en casa me prohibió irme en bici, tal y como había hecho el fin de semana anterior -la prohibición no, lo de irme en bici-, decidí meter la cabra en el coche, salir desde casa de mis suegros, y tomar paella para merendar.
El itinerario consistió en ir a Cartagena, por Portman, y volver por el Mar Menor.
Entre Portman y Cartagena transcurrieron los primeros diecisiete años de mi vida.
Tras 25 km empecé a reconocer cada una de las colinas, riscos y peñas que me rodeaban: allí estaba el Monte de los Tres Pinos (así llamado por la presencia de “cuatro” grandes pinos), el Ojo del Moro, el Pico del Aguila (más conocido como Pico Cuadrao), y un largo etcétera, que nos acompañó durante toda nuestra infancia.
Tras 25 km empecé a reconocer cada una de las colinas, riscos y peñas que me rodeaban: allí estaba el Monte de los Tres Pinos (así llamado por la presencia de “cuatro” grandes pinos), el Ojo del Moro, el Pico del Aguila (más conocido como Pico Cuadrao), y un largo etcétera, que nos acompañó durante toda nuestra infancia.
Al ver La Cantera, recuerdo cómo me refugié en ella un día de exámenes. Más pronto que tarde fui sorprendido por la Guardia Civil, quienes, al ver mi cartera del cole al hombro me preguntaron por mis extrañas intenciones: “he venido a buscar minerales para la clase de ciencias”, les contesté, a lo cual respondieron: “¡anda, Dovalico, y tira pal cole ahora mismo!”.
Pedaleo lento: el techo del campo de tiro al plato, donde ganaba 500 pesetas cada vez que me encargaba de cargar las máquinas lanzaplatos, sigue intacto; aquí estaba el jardín de infancia, con su piscina, parque infantil...; a mi derecha el instituto, ¿o era algo más allá? No quiero entrar en El Poblado, pero al llegar al cruce no puedo evitar girar a la derecha. ¿Por dónde era? No lo sé. Hace dos años pasé por aquí, y la casa de Cristina Pérez-Reverte (y su académico hermano), seguía en pie, pues al parecer un guarda la utilizaba como almacén. El bloque de chalets, hasta el de Tote, la niña más guapa del mundo, era la única prueba de que aquel lugar habia estado habitado no hace mucho tiempo.

Ya no quedaba nada, absolutamente nada. Ni la iglesia, ni el cine, ni los comercios, ni los excelentes centros educativos, ni los innumerables campos de deportes. Todo había sido arrasado, porque había dejado de ser un gasto deducible para Repsol, y estaba demasiado cerca de la refinería como para haber sido privatizado, aun por un valor simbólico.
Una antorcha ocupa el terreno de lo que debió ser la casa de Carlos. Unos tanques de gasolina cubren la habitación donde murió mi amigo Oscar, con sólo siete años. Una multitud de camiones está estacionada en lo que un día fuera la Ronda Oeste, mi calle. Algo me empuja hacia sus conductores, pero me resisto, porque de nada serviría. Me gustaría preguntarles si se imaginan cuánto amor, cuánta esperanza, cuánto dolor, o, en definitiva, cuántas vivencias se han sucedido bajo el lugar que ocupan las colillas de los cigarrillos que han fumado.

Apenas paso unos minutos allí. Lo que más duele no es la pérdida material, sino saber que aquellos cientos de personas que durante décadas compartieron la vida no han vuelto a verse desde entonces, más que por casualidad, pues no hay forma de volver a casa por Navidad.
A unos 5 km de allí continúa viviendo Miguel, uno de mis mejores amigos, a quien no he visto más que tres veces en los últimos 25 años. Debo estar algo afectado por la nostalgia, porque unos minutos más tarde me encuentro junto a su puerta. No está. Así que continúo con el entrenamiento del día.
Acabo de llegar a la oficina. Como de costumbre, he dedicado unos minutos a comprobar los mensajes recibidos en mis bandejas de correo. Enseguida leo la cabecera de uno de ellos: Roberto Domizi.
“¡Joder, no puede ser! Roberto, su hermano Claudio, y yo, fuimos tres de los once entrenadores de tenis que cursaron estudios, en Wimbledon, durante 1984/85. Los días de semana compartíamos las ocho horas de cursos, luego nos iríamos a la casa que compartíamos. Muchos fines de semana me invitaban a pasarlos en su casa, en Kettering, Northants, pues aunque descendientes de italianos, ambos habían nacido en Inglaterra. Dado que yo ya era entrenador titulado por la federación española, empecé a trabajar en el club por las noches, así como los fines de semana, lo cual hizo que compartiéramos algo menos de tiempo.
¡Desde julio de 1985 no había oído una sola palabra sobre ellos! Durante estos años he llegado a pasar por su ciudad varias veces, pero he sido incapaz de parar el coche. Fuimos tan amigos, que me resultaba difícil hacer una visita de cortesía.
Tal vez me equivoqué.

21 comentarios:
dentro de 25 años añorarás estos momentos de ahora..
(por cierto dovalico, tan famoso eras por tus tropelías mil que te conocía la Benemérita?).
un abrazo
La nostalgia es una sensación extraña. Yo creo que la mayor parte de las veces no es amarga. A mí me resulta bastante agradable recordar buenos ratos. Hay amigos con los que no se necesita estar en contacto para, en un instante, tenerlos ahí de nuevo, como siempre, como si los siguieras viendo cada día.
Dovalico, este fresco que nos has pintado me ha recordado mis años de infancia en Culllera y Gandía. Cuando me vine a la meseta lo que más añoraba de Levante eran los petardos.
No es malo sentir nostalgia, eso es que tiene uno cosas que recordar. Muy interesante ese retrato de "mundo viejuno" (que no, que es broma, en serio que me resultó interesante), me estoy imaginando la escena con la guardia civil :-)
No sé qué escribirte. Pero que sepas que te he leído :)
Ha sido muy bonito. Pero mirar atrás es un ejercicio peligroso, si no se hace con moderación. Al menos, a mi me lo parece, te lastra.
A veces sufro de nostalgia, a veces la disfruto... joder que intensos suelen ser los dos extremos
Pues a mi me encanta mirar hacia detrás, para no olvidar quienes somos y de donde venimos. Aunque solo sea por eso merece la pena.
Lo malo es que siempre aparecen personas que dejamos en el camino y nos ponemos ñoños.
Y sí, quizá te equivocaste.
Que bonita entrada, compadre... Cuando pase por ahí este verano la recordaré.
Por cierto y ya que amablemente preguntabas: me operan la clavícula el día 7... no es que no haya soldado, es que cada cacho se ha ido a tomar cañas por su lado.
Joer, tocayo, casi llora Luisa, de ver las fotos del "poblao".
Estuvimos por allí hace un mes y que cambio.
A ver si kedamos este verano por Cartagena o La Manga.
Saludos
El otro "Ojo del Moro" está en mi pueblo.
(Unas palabrillas, que me voy pa Canadá).
Me estaba poniendo aún más nostálgico de los tiempos en que me visitabais y dejabais vuestros comentarios. Finalmente habéis venido, tan amablemente como siempre. Después de "la niña más guapa del mundo" venía la chica de Trapatroles, ilustre comentarista y blogero de excepción (Luisa es tan guapa que apenas me atreví a dirigirme a ella).
Gracias, doc: mejor añorar, que tener que borrar el pasado ¿no? La Guardia Civil solía decir a alguno de nosotros: "¡hoy dormirás en el cuartel!", ya que sus hijos también eran nuestros amigos (había mucha seguridad, por posibles emergencias, sabotajes...).
Claro que sí, Esparsaco. Lo peculiar de nuestra situación es que el poblado fue arrasado de un día para otro. No hay ni escombros. Al ser pocos vecinos, éramos como parientes bien avenidos, y ahora no mantenemos ningún contacto. ¿Es que eres Valenciá? (perdona la ortografía, Trapa). Gracias por volver.
Algo viejuno sí que es -he evitado mencionar a Franco, jeje-. Tener gratos recuerdos es síntoma de un pasado feliz, así que bienvenidos sean. Yo era un capullo,... pero feliz. Gracias, Furi.
No sé qué contestarte, Dani, pero que sepas que te agradezco la visita.
Gracias, Xocas. Creo que lo que no se debe hacer es comparar. Pensar que el pasado fue mejor lastra, así que mejor vivir día a día, guardando en la memoria sólo lo que interese guardar.
Hay que ser selectivo, Nacho: guardar los buenos recuerdos, y alegrarse de que los malos momentos pasaron. Como he dicho a Furi, yo era un capullo integral (ahora ya no soy integral). Gracias.
Claro, Mildo: nunca se olvidan los grandes momentos, y los buenos amigos. Lo malo es que, aunque nunca los olvidaré, sí olvidé sus números de teléfono. Tienes razón: a veces creo que no es normal no haber visto a tu mejor amigo en 20 años (se supone que hay mucho en común, pues él tampoco se ha puesto en contacto conmigo...).
Joder, Nutria, con lo bien que caes, y las malas consecuencias que tiene. Gracias por tu amabilidad. Espero que la intervención sea la mejor solución y nos veamos pronto en pruebas sin drafting ni agobios. Mantennos informados en tu blog y mucho ánimo.
Gracias tocayo. Ya le dije a mi chica que tenía que empezar a correr, para compartir con vosotros alguna salida. Luisa no llegó al poblado hasta que tuvo unos 12 años (?). De todas formas, enseguida se convirtió en reina (creo incluso que fue la única de la familia que siguió yendo al colegio de Cartagena, yo iba a clase con Carmen). Supongo que cuando viste aquello no podías imaginar lo que Luisa te contaba, ¿verdad? Por cierto, ¡anda que no me ha dado a mí palizas a abdominales, carreras, etc. nuestro amigo Gregorio! Un abrazo a todos.
Gracias, doctor, aunque tu Ojo del Moro debe ser una copia de el nuestro, jeje.
Como buen Gallego mi MORRIÑA esta muchos dias presente y yo tambien me apunto al Club de CUENTAME.....
¡Qué viejos somos, doctor! Aunque ya quisieran los jovenes ser tan fuerte y feroz como tú.
Esa sensación la tiene uno casi constantemente, porque aunque lleve 14 años en Madrid siempre pienso que vivo en la tierruca, aunque cada día me siento más Cheli, me preocupo?
Venga Ramoncico, nostalgias las justas; de lo contrario podrías parecer un awelete. Tú mira p'alante, vista al frente, barbilla alta... ¡ostras, si esto es lo que me decían a mí en la mili! ¡qué tiempos aquellos!... será posible ¡ya me has contagiado!
Por cierto, cuando vuelvas de las canadases pásate por las Ciezas a recoger ese peaso de maillot corto que hemos preparado. Espero que te guste.
Hola Ramón, muy buenas.
Na´, sólo saludarte. Iré pasando de vez en cuando por aquí a ver qué cuentas.
Nostálgicos saludos.
La nostalgia duele pero es un dolor placentero,ya que siempre te trae un pequeña sonrisita de recordar algo BUENO aunque realmente sea porque lo echas de menos. ES un sentimiento curioso pero hay que tomarlo en su justa medida para no caer en una tristeza perenne...
Buen viaje y otra vez realiza esa visita de cortesía, yo creo que molan.;)
▒▒▒▒▒█▓▒▒▓█▓▓▓▓▓▓▓█▓▒▒▓█
▒▒▒▒▒▒█▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓█
▒▒▒▒▒▒▒█▓▓█▓▓▓▓▓▓█▓▓▓█
▒▒▒▒▒▒▒█▓▓██▓▓▓▓▓██▓▓█
▒▒▒▒▒▒█▓▓▓▓▒▒█▓█▒▒▓▓▓▓█
▒▒▒▒▒█▓▓▒▒▓▒▒███▒▒▓▒▒▓▓█
▒▒▒▒▒█▓▓▒▒▓▒▒▒█▒▒▒▓▒▒▓▓█
▒▒▒▒▒█▓▓▓▓▓▓▒▒▒▒▒▓▓▓▓▓▓█
▒▒▒▒▒▒█▓▓▓▓▓▓███▓▓▓▓▓▓█
▒▒▒▒▒▒▒█▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓█
▒▒▒▒█▓▓▓█▓▒▒▒▒▒▒▒▒▒▓█▓▓▓█
▒▒██▓▓▓█▓▒▒▒██▒██▒▒▒▓█▓▓▓██
▒█▓▓▓▓█▓▓▒▒█▓▓█▓▓█▒▒▓▓█▓▓▓▓█
█▓██▓▓█▓▒▒▒█▓▓▓▓▓█▒▒▒▓█▓▓██▓█
█▓▓▓▓█▓▓▒▒▒▒█▓▓▓█▒▒▒▒▓▓█▓▓▓▓█
▒█▓▓▓█▓▓▒▒▒▒▒█▓█▒▒▒▒▒▓▓█▓▓▓█
▒▒████▓▓▒▒▒▒▒▒█▒▒▒▒▒▒▓▓████
▒▒▒▒▒▒█▓▓▓▓▒▒▒▒▒▒▒▓▓▓▓█
▒▒▒▒▒▒▒█▓▓▓▓▓█▓█▓▓▓▓▓█
▒▒▒▒▒████▓▓▓▓▓█▓▓▓▓▓████
▒▒▒▒█▓▓▓▓▓▓▓▓█▒█▓▓▓▓▓▓▓▓█
▒▒▒▒▒████████▒▒▒████████
dame un abrazo!
Hoy casualmente me he encontrado con tu página, blog, o como se llame esto y al leer lo de tu amigo Carlos me he decidido a escribirte.
Yo soy uno de esos amigos “Carlos” de tu expueblo. Y la última vez que nos vimos fue en Madrid, en casa de Merche A. allá por los 80 y muchos. Años antes, nos disfrazamos de paquetes de tabaco junto al amigo Luis M. en nuestro expueblo (fácil te lo he puesto ¿no?)
Ahora estoy metido en el foro del “Poblao” preparando algo para el 31 de octubre. Pásate por el. http://poblado.mforos.com/
Un abrazo
Publicar un comentario en la entrada