viernes, 9 de enero de 2009

La última

*-Casi todas las fotos son propiedad de www.eva.madteam.net. Mi agradecimiento anónimo-.


Tenía que seguir tomando decisiones, aunque fueran equivocadas. Es fácil ser emprendedor, excepto cuando es necesario pararse a reflexionar, dar marcha atrás, o incluso retirarse, dando tanto tiempo, ilusiones, e inversiones por malgastados.


Agosto de 2000. Regreso a casa. Lo cierto es que no recuerdo muy bien dónde está; o a cuál de ellas me refiero; o si siquiera existe. Dicen que "casa" es aquel lugar donde está la gente que te quiere. La ubicación es indiferente. Entonces, decididamente, no voy a casa. No la he encontrado en México, ni en Varsovia, ni en Praga, ni en Bruselas. Sólo he sido feliz en Los Alpes. Así que lo que tenga que ocurrir de inmediato, no tendrá tanta importancia.

He perdido cosas irrecuperables. En unas tardes de abogados y notarios todo será historia. El sentimiento de derrota me persigue, pero no dejo que me alcance. Me da igual. No son más que cosas materiales, y ya no vale la pena continuar. Estoy harto de todo lo que estuvo tras el telón, ese muro que aún continúa erecto e invisible, y sólo el paso de largos años terminará por derribar.

En una semana, lo que tantos esfuerzos requirió, pasaría a ser propiedad de desleales empleados que durante tanto tiempo me habían hecho la vida imposible. Así eran las cosas: los clientes llevaban años sin pagar, no se podía confiar en ningún colaborador –¡la mayor carga!-, y las empresas seguían siendo solventes -aunque la situación no duraría eternamente-.

Me es indiferente. Creo que por primera vez en muchos años soy feliz. La he encontrado, y todo va a ser diferente desde ahora. Tanto, que desde que la conocí, comprendí que la expedición a Ama Dablam -frente al Everest-, o al Nevado Alpamayo -en Perú-, se convertiría de repente en un riesgo innecesario. Aún no sabía que quería pasar el resto de mi vida junto a ella.



A la izquierda, Ama Dablam. Alpamayo -derecha-, en Perú, posiblemente la montaña más bonita del mundo

La última ascensión debería ser bonita, pero sin complicaciones:



La Barre des Écrins (4.101 m.)



En el Alto Delfinado –cerca de Briançon- al suroeste de los Alpes franceses, se alcanza por última vez "aire poco denso", es decir, que se trata del primer cuatromil, viniendo desde España. Sólo la Barre –y su satélite Dôme de Neige- supera esta altura, no obstante, una buena cantidad de tentadores objetivos forman parte irrenunciable de este Parque Natural -al cual no llega ningún tipo de remonte, teleférico, etc.-, conjunto de aristas, dientes, corredores y paredes de hielo, en lo alto de los glaciares.

Casi en el paro, pero no quieto, me aproximo al pintoresco pueblo Ailefroide, desde cuyo aparcamiento se inicia la ascensión. Sólo me preocupa un aspecto que no había tenido en cuenta: es 15 de agosto, también festivo en Francia. Bueno, tampoco me importa tanto, ya que no tengo plaza en ningún refugio, pero voy, como casi siempre, bien provisto de material para vivaquear donde toque. Supongo que lloverá, pero no hará mucho frío.


Desde el pueblo, se asciende unos 500 m. a través de 5 km. de sendero bien marcado hasta el refugio Cézanne. Es imperativo disfrutar del paisaje y la fauna del parque, especialmente marmotas. Allí descubro que, dada la prisa con que quiero llegar, y dejar Europa del Este, no llevo ni un franco para comprar bebidas, o comer –aparte de lo que cargo en la mochila-. Por supuesto, no aceptan tarjetas de crédito.


Unos kilómetros más adelante nos encontramos con el Glacier Noir. En lugar de seguirlo, atravesamos unas pedreras, y su desaguadero, a través de un pequeño puente, e iniciamos una ascensión muy verde, en dirección al Glacier Blanc, aún invisible. Una vez lo descubrimos, resulta imponente, aunque todavía es posible caminar junto a su labio, hasta que alcanzamos un segundo refugio, a 2.550 m. Allí aprovecho para rellenar botellas de agua. No habrá bierre la nuit.


Ya está anocheciendo, así que me apresuro para seguir ascendiendo con tranquilidad. A partir de este punto sólo veo montañeros, la mayoría dirigiéndose al último refugio, des Ecrins, a 3.170 m. Todos los domingueros y excursionistas se quedan en los albergues precedentes.


Ha empezado a llover, lo cual no me preocupa, hasta cierto punto, pues se trata de una tormenta eléctrica, y voy bastante cargado de "pararrayos". Enseguida decido adentrarme en el glaciar, con el fin de apartarme de la ruta, y de posibles desprendimientos de piedras,... o hielo.

No llevo tienda, así que tengo que hacer juegos malabares para cocinar bajo la lluvia. Como de costumbre, ceno muy agusto, preparo la cama, bien alejada del material metálico, un pis, y a dormir, que si estoy fuerte y madrugo mucho podré hacer cima y llegar al coche de un tirón. Pero, sobre todo, porque no simpatizo nada con los glaciares, con sus fauces abiertas, a pleno sol en verano.

Duermo bastante bien, a ratos maldiciendo al sinvergüenza que me vendió una sofisticadísima colchoneta que hacía que la funda de vivac patinara sobre su superficie. Al final prescindí de ella, ya que estaba rodeado de grietas por todas partes y no me apetecía despertar con ese gustillo en el estómago que producen los ascensores rápidos cuando bajan. Aunque sin frenos. De pronto escucho ese estruendo tan familiar, producido por toneladas de hielo que se desprenden por las altas temperaturas estivales. Se siente como si un Jumbo estuviera despegando a unos metros de ti. Lo malo es que esta vez no sonaba a unos metros, sino a centímetros. -Joder, mira que me he puesto lejos de las paredes-. El ruido se mantenía,... aproximándose. Los seracs debían caer desde mucha altura, arrastrando con ellos toneladas de roca y nieve. -¡Me cago en la putaaaaa! ¡Parateeee!-. Salgo del saco de un salto y miro en derredor, pero la noche es cerrada y no veo nada. Iluso de mí, me arrodillo, y escondo la cabeza entre los brazos, como si pudieran detener millones de kilos aproximándose a lo que parecían miles de kilómetros por hora... ¡¡¡¡¡BBBBBGGGGGGGGRRRRRRRRRRRRGGGGGGbbbbbbgg gg gg r r r r !... Ahora sólo escucho el silencio más delicioso jamás vivido.

No sé por qué, pero ya no puedo conciliar el sueño. De nuevo estoy tapado, pero despierto. Entonces oigo como alguien me pregunta si estoy bien, abro la cremallera y me encuentro con un guía, y sus pupilos, que ya iniciaban su madrugador ascenso con luz frontal. Se habían preocupado al ver mi colchoneta a tanta distancia de mi zona posterior, a lo cual respondí con un más que convincente: "¡te la cambio por una cerveza para luego!".

No me hacía mucha gracia ser el primero en cruzar la zona de Jumbos de anoche. Para ganar tiempo, decidí desayunar con mucha parsimonia. Luego intentaría imaginar una nueva ruta de ascenso, dependiendo del estado de la via de aproximación.

Aún es noche cerrada, pero ya no llueve. Ansioso, decido acercarme a la montaña por la derecha, a riesgo de tener que dar la vuelta.

Algo más tarde, aun antes de percibir el primer atisbo del amanecer, dejo mi mochila en el suelo y la utilizo de respaldo: una nueva madrugada rosada vuelve a emocionarme. Es indescriptible.


La avalancha fue enorme, pero parece que no han quedado grandes bloques de hielo en la ruta de ascenso (foto inferior).

A pesar de la lluvia, aún se puede ver la huella marcada ayer por decenas de montañeros hasta el punto más elevado. Hasta la arista cimera, la ascensión es fácil,...



... aunque agotadora. Sobre todo porque llevo la canción del gato tocapelotas, de Rosario Flores –a cuál más pesada-, entre ceja y ceja desde hace horas. Por mucho que silbo otras canciones más machaconas, o de mi gusto, no consigo escapar de ella. Desde la base, se trata de ascender casi 1.000 m., con una pendiente media del 50%. Por supuesto, dejo la mochila en la base, y no subo más que una botella –colgada del arnés-, y un piolet de travesía. Hace calor, y basta con llevar un polar cortavientos.

Como se puede apreciar en las fotografías, gran parte de la subida está expuesta a caídas de hielo, o avalanchas. Sigo con el propósito de reencontrarme con mi mochila antes de las 10 a.m., a fin de evitar las desagradables consecuencias de las altas temperaturas.


La mayoría de los montañeros inexpertos -como quien suscribe- terminan su ascensión en la Dôme de Neige, ya que también está considerada un cuatromil independiente (se trata de la cúpula de nieve situada a la derecha de la arista de roca que llega hasta la cima).

De todas formas, sobre el punto 3.975 m. te sorprende una brecha casi infranqueable para un solitario con un solo piolet (foto superior). Tras una corta espera, dudando si saltar al vacío para acabar súbitamente con el gato tocapelotas, una pareja se apercibe de mis problemas, y muy amablemente me ceden un piolet, con el fin de subir traccionando con cuatro puntos de agarre –como el jodido gato-. Una vez traspasada, pido que me lancen su cuerda, al objeto de asegurarles desde arriba. En la montaña el compañerismo suele ser ejemplar, exceptuando a los guías de Chamonix, claro.

Una vez a la altura de la Dôme de Neige, me pregunto si vale la pena subir la arista de roca.

Como aún es temprano, y no hay excusas -pues no hay hielo, el viento es suave, y voy ligero-, decido intentarlo. Se trata de trepar, y escalar II grado, que en rocódromo es insignificante, pero impresiona cuando te ves sobre la cara suroeste, o las no menos imponentes paredes del Pelvoux, o la mismísima Meije, más abajo. De pronto, tras cruzar el punto más estrecho, llego a la cima –Joder, como de costumbre, ésta no es la cima, sigamos un poco más-. Bajo unos 50 m., y vuelvo a subir algunos más, hasta que ya no hay nada más elevado que yo.

Aprovechando que hay algo de nieve, me tumbo a estirar un poco. Unos minutos más tarde dos compañeros se unen a mí en la cima, así que aprovechamos para intercambiar cámaras para guardar un buen recuerdo de este bonito día. Quiero telefonear a mi chica, pero aún no hay nada que celebrar (por cierto, creo recordar que el martes cumple años).
No hay mucho que contar sobre la bajada (¡tan importante como la subida!): dolor de rodillas al intentar frenar el empuje de la fuerza de la gravedad durante diez horas; un gran glaciar, horriblemente abierto; muchos tests de pulsaciones máximas; pero, sobre todo, mucha porquería producida por demasiados refugios demasiado abarrotados. Recuerdo especialmente la sed que pasé durante el descenso, a pesar de la pijotada potabilizadora que transportaba en la mochila. Creo que a un radio de 1 km del refugio des Ecrins, todos los deshielos y arroyos estaban contaminados con aguas fecales. Finalmente, me intruje en el glaciar y filtré agua que fluía de uno de los labios de grieta. Como de costumbre, también se echan de menos unas segundas botas, más flexibles, a fin de evitar descender hasta el aparcamiento con botas de alta montaña. Dejar una bolsa con material en el primer refugio sería un buen consejo, siempre que dispusieran de taquillas.

Trece horas después de amanecer llego al coche. Ha estado bien: unos 6.000 m. de desnivel, en 40 km., en dos días muy bien aprovechados. La mezcla de tratamiento psiquiátrico/ ejercicos espirituales ha funcionado.

-Hola, ¿te acuerdas de mí?
-¿Tú que crees?
-¿Me invitas a tu cumple?
-¿Te dará tiempo?
-¡Claro, soy JETLAG-MAN!


Antes, me esperaba un buen hotel, un gran baño, y alguna que otra cerveza, mais bien sûr!. Después, unos cuántos miles de kilómetros de coche, algo de insoportable burocrácia, unos cuántos cortes de mangas, otros miles de kilómetros de carretera,... y una parada obligada para comprar Champagne, acompañado de rosas muy rojas. Por fin estaba en casa.


21 comentarios:

davidiego dijo...

impresionante.
;)

Ramón Doval dijo...

Tu rapidez sí que no deja de impresionarme, doc. De todas formas, esta entrada es más de lo mismo, por eso se llama la última (del monte, claro).

Furacán dijo...

¿La última? pues yo quería más... ¡me encantan estas entradas!

irotante dijo...

Me pregunto yo "y este como se habra metido Triatleta"
Preciosas fotos y bastante tema para leer,me imagino cuando cuentes lo de un IM
Saludos

magopepo dijo...

La penúltima, si no te importa. Preciosa, por cierto.

Ilusionados saludos.

Juankir dijo...

mare meua
lo q yo t figa, el IM t va a parecer una partidita de damas, parchis a lo sumo

d todas formas creo q ests loco, un poco de agua y un piolet. ufff

Clemente Alonso McKernan dijo...

Penúltima silvuplé!

Por cierto, a mí me revienta que me arrebaten canciones que no me gustan, me pasa con cierta frecuencia: horrible.

Nacho Cembellín dijo...

Ey!!!, ese refugio de los Alpes yo lo conozco.... quiero ir a la montaña contigo y que me enseñes.... guau...

Nutria dijo...

Siempre en esas ocasiones se le jode a uno la banda sonora. Yo recuerdo que la primera vez que me asomé a los idílicos valles andorranos, mi novio de entonces me obsequió durante todo el camino en el coche con ¡una versión bacaladera del "Highway to Hell"!

stani dijo...

Acho! no desvíes la atención y di como van los entrenamientos que Elche está más cerca de lo que parece, además eso del telón de acero no me lo has comentado nunca. olé.

sislen dijo...

devuelvo la indiscreción, con perdón. espero no haber llegado demasiado tarde y continuen tus relatos aventureros. Un saludo.

Dani dijo...

Y digo yo, ¿cuándo nos vamos a ver y me cuentas estas historias en directo? Joder qué envidia...

Nutria dijo...

Por cierto, lo de los detalles románticos del final, ¿es una concesión que nos haces al público femenino? ;-) Es broma, gran hombre. Besicos.

Isadora dijo...

Eres un fenómeno!

Ramón Doval dijo...

Muchas gracias por venir.

Furi: es que ya llevo 3 ó 4 seguidas de montes, y me repito mucho. Es más de lo mismo, y me aburre hasta a mí.

Tante: ¡No compares, doctor! Al monte iba sin nervios,... y ya no puedo dormir pensando en octubre (al menos tendré la excusa de la falta de sueño).
No creo que haga una crónica de mi primer IM -en decenas y decenas de horas-, ya que no tiene nada de especial para vosotros. Es simple rutina. Tampoco escribiría sobre el monte si mis colegas fueran montañeros, pues mis subidas no tenían nada de especial, excepto las intensas vivencias, que difícilmente se cuentan.

Pepo, joer, ¡que sigo leyéndote, pero me bloqueas el ordenador y tengo que apagarlo! Así que nunca me da tiempo de leer y comentar algo. Podría escribir cuarenta de éstas, pero no serían más que copias una de otra. Los sucesos más especiales ya los he contado en las 3 ó 4 anteriores (no todos los días se mataba alguien delante de mí, o me caía una avalancha, afortunadamente). Gracias, de todas formas.

Juankir, tío: siempre pasan cosas, pero lo que yo hacía no eran las caras nortes de los ochomiles. Creo que lo peor del IM son las cientos de horas que dedicamos en su preparación, lo cual lo convierte en casi una obsesión. En el monte, si el día estaba feo, lo dejabas para el siguiente finde, y ya estaba.

Cierto, doc: como se meta una canción horrible, tipo "Aserejé", en el coco se pasa fatal. Es lo malo que tiene sentir la música -para bien, o para mal-. Otra vez no dejaba de imaginar un aria ¡desafinada! No ha habido ficción en estas 3 ó 4 entradas. Si siguiera repitiéndome, tendría que empezar a inventar sucesos, a menos que os interesaran las guías -que no "los guías"- de mis subidas, en tono informativo (by heart, por cierto: Any news?).

Nacho: ¡que yo no tengo ná que enseñar -no como tú-! Me encantaría volver a las andadas. La verdad es que me convertí en un estudioso del tema. Como siempre iba solo, conocía más teoría que el Juanito Oiarzabal,... por salvar el tipo, mas que nada. Cuando tienes hijos te tienes que olvidar del hielo, excepto en los malos whiskies, o cuando te duele algo.

Claro, Nutri: por eso iba siempre solo. Para autoflagelarme, sin necesidad de ayuda. Los detalles románticos corresponden a los primeros escarceos con Raquel, mi chica. Nada es ficción (a pesar de su arrepentimiento).

Paisano: lo del telón de acero lo tengo olvidao, por eso no lo cuento. Claro que tengo Elche en mente. ¡Hasta he sacado la cabra a pastar! Avisa cuando tengamos que ir por Cieza, maqui.

¿Sislen, o S.? Bienvenida. No me sobreestimes, que esto no es "Pequeñas cosas". Las aventuras anteriores siguen a tu disposición, pero no son para tanto. No creo que esté en disposición de escribir algo grande hasta que consiga adelantar a tu cuñadito en el km 42 de la maratón, en un IM. Entonces lo publicaré, aunque me toque editarlo moi même. Luego pasaré a ver si has superado la pereza.

Coño, Dani: ¡si empecé escribiéndolas para ti, y para Esteban, que sois los más montañeros, y no pasáis nunca por aquí! Estaría bien tomar unas cervecitas después de meta y sacar el tema, para variar. ¿Ya has hecho algo hoy para ser más grande?

Ramón Doval dijo...

¡Hombre, Isadora (o mujer, yo que sé)! Bienvenida. Gracias por venir, sois una familia muy amable -excepto ¿Oscar?, que no viene por aquí-. Besicos, o abracicos.

Isadora dijo...

Óscar es uno de esos locos que, como tú, a veces se ha ido por las montañas SOLO.

Dáis más miedo!!!!

Ramón Doval dijo...

Oye, que yo hacía esas cosas cuando era joven y feroz. Ahora ná de ná. Medio sedentario: un IM de vez en cuando, y ya está... (de momento, ni eso).

Si te lo tengo que explicar... dijo...

Que no sea la última, por favor. ¿Quién necesita comprarse el Desnivel cuando tiene al alncance del ratón tus aventuras y desventuras? Lo malo es que luego hay por ahí persojanes, como algún que otro Jaramugo muy Jumento, que se lo toman todo al pié de la letra, y ya están organizando expediciones. Y claro, uno no sabe decir que no. Taluego!

misstake dijo...

Últimamente llego tarde a todo, será que a pesar de todo soy yo la hermana perezosa...
Ni se te ocurra terminar con tus relatos de alta montaña, plis!!!
Gran Doval creo que el espíritu de la montaña te ha poseido y no se puede separar de tí...

Ramón Doval dijo...

Muchas gracias por venir.

IronManu: que yo no soy novelista. Hasta ahora ha sido muy fácil contar cosas que han sucedido tal como las cuento, pero llega un momento en que uno, afortunadamente, no sufre aludes, ni se cuela en grietas, ni ve caer a tres tíos. Qué quieres que haga: contar siempre el frio que hace, y lo fundido que voy, o empezar a hacer relatos de ficción -con caras norte invernales, en bolas... Lo de los jaramugos es normal: uno no es alpinista hasta que se echa al monte, pensándolo lo menos posible (si lo piensas mucho, no vas). Es como un IM.

Doc: El espíritu de la montaña es el mismo que el del IM. Lo que ocurre es que, por aquí, el del IM no llama la atención, pues "doctores tienen los blogs". Si supiera escribir, empezaría con relatos inventados, pero no tendrían interés, ya que circulan por aquí crónicas, tanto de grandes montañeros, como de grandes escritores.